Chinatown, Little Italy y un poco del Soho!
Hoy ha sido un divertidisimo día, a pesar de que nos costó bastante entrar en el calor de la excursión.
Comenzamos nuestra excursión sobre las 10 a.m y tras disfrutar de nuestro primer hot dog americano en Little Italy.

Little Italy es una pequeña zona de Lower Manhattan donde vive la comunidad italiana en New York, este no es el Little Italy de Al-Capone el cual está situado en El Bronx. Little Italy se reduce a un par de manzanas, llenas de restaurantes donde comer pizza y pasta, desde muy temprano está lleno de gente y los camareros conforme te ven pasar te intentan seducir para que degustes sus viandas. Nosotros, aunque hambrientos, decidimos esperar para comer más adelante en ChinaTown.
En Little Italy, realmente hay poco que hacer y que ver, buscamos la fachada del Puck Building, edificio de ladrillos colorados y bonitos postigos que contuvo la editorial de una revista satírica americana del siglo 19 y cuya fachada tiene varias figuras doradas Puck, el personaje protagonista de dicha revista.

Además visitamos el Police Building, bonito edificio el cual durante 35 años fue la sede de la Policía de New York, hoy día, es un edificio de apartamentos.

Donde hemos pasado prácticamente el día completo ha sido en China Town. Al principio nos sentimos bastantes perdidos entre sus calles, llenos de gente vendiendo Rolex, falsos claro, bolsos de piel, dvd’s piratas y todo tipo de baratijas. Aún no habíamos entrado en el calor del barrio cuando ya vimos un MacDonald o un CityBank con sus luminosos en chino, los cuales no soy capaz de repetir aquí.
Aunque este barrio, realmente no tiene mucho que ver, es muy divertido perderse por sus calles, y atiborrarse de cultura cosmopolita, no es solo miles de chinos por sus calles y sus tiendas de todo a 100.

A la hora de comer, como no, comida china, hemos ido a un restaurante cantonés llamado Big Wong King, cuando entramos, estaba repleto de gente! Sin entender ni papa de chino y con mi pobre inglés nos las vimos canutas hasta que averiguamos como pedir número, ya que la clientela se arremolinaba en la puerta, no solo para intentar coger una mesa, sino también comida para llevar. Nos dieron el número 11, pero claro, ya era un logro tener un número para la mesa, pero la dificultad estaba en saber que el número nombrado era el nuestro, la solución fue pegarme al chino que decía los números y bueno, al final acabamos sentados en una mesa compartida con otra pareja de asiáticos.
Bien! Por fin parecía que íbamos a llenar nuestros estómagos cuando el camarero nos sirve la carta, un vaso de agua y como no palillos para comer, claro, ninguno de los dos sabíamos utilizar palillos y para más inri no entendíamos lo que ponía la carta, en menudo berenjenal nos habíamos metido. La solución para pedir de comer, fue señalarle al camarero los platos de comida que había en otras mesas, y los que tenían nuestros compañeros de mesa, los cuales eran más serios que George Bush, aún así, el camarero no nos entendía por tanto dejamos a la suerte que nos trajera lo que le diera la gana. Al final la apuesta no nos salió mal, comimos un plato de arroz blanco bastante insípido con trozo de pollo y pato y una salsa verde, cuya mezcla no estaba nada mal, además comimos un plato de deliciosos fideos chinos con verduras, gambas y más pato, realmente bueno. La solución al uso de los palillos, no os la vamos a contar aquí, pero gustosamente os lo contaremos personalmente.

Nos hemos perdido 10.000 veces, y siempre volvíamos al mismo sitio, pero en cada vuelta, veíamos algo nuevo, restaurantes cuyos escaparates eran peceras con peces a cual más raros, farmacias con medicina tradicional china llenos de todo tipo de especias…
Las tiendas de chucherías, que divertidas!! Las golosinas más extrañas que hemos visto en nuestra vida con nombres impronunciables. Tuvimos suerte de entrar en una que disponía de unos pequeños cuencos donde podías probar la golosina antes de comprarla. La primera que probamos era una deliciosa fresa seca, realmente buena!! como la primera cata nos había salido bien, seguimos probando chucherías pero cada vez más raras, golosina de ternera, golosinas de pescado seco, golosinas de aleta de tiburón, buffff, en la primera tuvimos suerte, pero las restantes nos dejaron un extraño saborcillo de boca a lo largo del día…

También entramos a tomar té, a un garito bastante chulo, creo recordar que se llamaba Green Tea, o algo así, ponían una especies de batidos de todos los colores y sabores, aunque nosotros lo que pedimos fue un te. Nos sirvieron una tetera y dos cuencos pequeñitos, tras dejarlos reposar y organizar el resto de la excursión sobre al mapa, nos dispusimos a darle cuenta a nuestra bebida. El té que habíamos pedido, se llamaba Dragon Ball Jazmín (o algo así), y para nosotros fue como saborear los amargos pétalos de una flor, además la tetera era bastante grande, por lo que nos tuvimos que atiborrar de ese raro y amargo mejunje. Intentamos paliar ese sabor amargo, pedimos sugar (azúcar, para los menos avezados), la camarera nos miró entre mofa y sorpresa, al rato apareció con un vasito de chupito lleno de una especie de líquido viscoso y dulce, el cual nos ayudó a acabar con nuestro té.

Siguiendo nuestro periplo, en Chattan Square (Esquina de East Broadway y Mott St) hay un monumento dedicado a todos los descendientes chinos caídos para defender la democracia americana, una construcción en forma de pagoda.

En el 21 de la pequeña calle de Pell Street hay una iglesia baptista china, realmente de iglesia tiene poco, más parece una tienda de souvernirs con una escultura bigotuda en uno de sus extremos, muchas personas de avanzada edad, echaban una rápida oración al pasar por su puerta, lo que nos hizo suponer que la cosa iba bastante seria. Entramos sin problema a esta iglesia y después de curiosear dimos nuestro donativo a cambio de un pequeño pergamino con nuestro futuro, el cual no era muy diferente al horóscopo de la revista Jueves española.
En la esquina de Bowery y Division Streets (Confucius Plaza) hay una escultura de Confucio, filósofo chino, creador del confucianismo y una de las figuras más influyentes de la historia china.

Paramos para descansar en Columbus Park (esquina de Mulberry y Bayard Street), divertidisimo, había una reunión o veinte reuniones del inserso de chinatown, había un par de grupos de música folclórica china, con micrófonos y todo tipo de instrumentos, muy curioso, además de varias mesas de mah-jong, donde en una de ellas supongo que jugaba el Kasparov de este juego, ya que había alrededor de 40 personas mirando la partida.
Otra experiencia, que no nos ha dejado igual ha sido el Templo Budista de Mahayana en el 133 de Canal Street, contiene un grandisimo Buda dorado de 5 metros y en sus paredes una treintena de cuadros que cuentan la historia de Buda. Lo que más nos ha sorprendido, como ignorantes que somos de esta religión, fue las ofrendas. En ambas esquinas traseras y al lado de una gran campana había unas estanterías con un montón de bandejas de frutas y alimentos, sobre la pared y con inscripciones orientales había una especie de cartulinas con fotos. Una mujer ha llegado se acercó a las bandejas de ofrendas, cogió un bizcocho y se puso a comerlo, nos habrá visto con cara de sorpresa, se nos ha acercado y nos ha dicho: my father, my mather (mi padre, mi madre) supongo que será una práctica común del budismo.

En la segunda planta del Tempo, había un museo y una tienda de regalos, había unas teteras hechas a mano muy parecidas a las que nos habían puesto para desgustar el té, nos hemos interesado por ellas y el juego de té costaba algo más de 100 $, al rechazar la oferta, rápidamente nos bajaron el precio, el cual ya rechazamos, puesto que no estábamos tan interesados por el artículo como para comprar algo que seguramente valiera esos 100$, la artesanía es cara, no chicos?
Nuestra visita al Soho ha sido rápida, paramos a tomar una merienda y descansar los pies en una cafetería llamada café café, donde bebimos unos deliciosos zumos de fruta, un delicioso cheese cake de fresa (cuanto tiempo sin comer uno tan bueno!!!) y una magdalena de chocolate.

Cuando salimos de esta cafetería ya era casi de noche y todo el bullicio del Soho había prácticamente desaparecido.
Hemos visto algunos edificos Cast – Iron Buildings, arquitectura propia de la zona en el siglo 19, pero por la falta de luz y el cansancio acumulado hemos decidido posponerlo para otro día.
A Lidia le encantó el hallazgo de una tienda de moda, en cuyas paredes había fotos de famosos, como Britney Spears, Madonna o Michael Jackson usando ropa de la marca, la ropa realmente era increíble, aunque para nuestros pobres bolsillos se nos escapaba del presupuesto un simple cinturón, pero bueno, quizás volvamos al final de nuestras vacaciones para comprar algo… o bueno, quizás no…
Al volver a casa y por ser sábado pensamos salir de fiesta, pero nos hemos arrepentido, estamos extremadamente cansados y mañana será un día duro subiremos a Harlem a escuchar Gospel.
